viernes, 15 de junio de 2007
José Cabrera Paz
Estimada María Cristina, primero un especial saludo, afectuoso como el que mas. Segundo, una SORPRESA y un pesar inmenso por lo que está sucediendo con esa titánica y maravillosa labor del IESCO.
Las empresas del conocimiento tienen nombres propios y el IESCO se ha llamado, con fortuna, Maria Cristina Laverde, por supuesto con todo el reconocimiento bien merecido por sus colegas y amigos con los que ha construido esa bella y necesaria propuesta. El IESCO ni siquiera tiene que presumir de obras, todos sus logros, programas, publicaciones y reconocimientos, que hoy envidiaria cualquier universidad de la región, son prueba de que ha sido un laboratorio del pensamiento en Latinoamérica.
Quizás en estos momentos es cuando uno siente incontroveribles muchas de las palabras de Fernando Vallejo frente a su "colombianidad". Caramba!, cuánta razón tiene y cuanto duele que la tenga. Una vez más, como si la lista ya no fuera innumerable, mostramos la enorme capacidad de acabar con lo bueno de lo propio, con los esfuerzos del otro, con años de labor construida con la imaginación.
Una vez más, también es evidente la adversidad que en este país existe cuando queremos construir pensamiento y crear espacios de solidaridad intelectual para que las comunidades académicas germinen y se reproduzcan al nivel de la masa crítica que necesitamos. Asi, qué difícil va a ser caminar con seguridad en este siglo al que todavía no nos atrevemos a recorrer con firmeza.
Gracias María Cristina Laverde por ser otro Quijote del Pensamiento en Latinoamérica, que otros rumbos más agradecidos le den la bienvenida a su teson, su creatividad intelectual y su pericia adiministrativa,
José Cabrera Paz
Las empresas del conocimiento tienen nombres propios y el IESCO se ha llamado, con fortuna, Maria Cristina Laverde, por supuesto con todo el reconocimiento bien merecido por sus colegas y amigos con los que ha construido esa bella y necesaria propuesta. El IESCO ni siquiera tiene que presumir de obras, todos sus logros, programas, publicaciones y reconocimientos, que hoy envidiaria cualquier universidad de la región, son prueba de que ha sido un laboratorio del pensamiento en Latinoamérica.
Quizás en estos momentos es cuando uno siente incontroveribles muchas de las palabras de Fernando Vallejo frente a su "colombianidad". Caramba!, cuánta razón tiene y cuanto duele que la tenga. Una vez más, como si la lista ya no fuera innumerable, mostramos la enorme capacidad de acabar con lo bueno de lo propio, con los esfuerzos del otro, con años de labor construida con la imaginación.
Una vez más, también es evidente la adversidad que en este país existe cuando queremos construir pensamiento y crear espacios de solidaridad intelectual para que las comunidades académicas germinen y se reproduzcan al nivel de la masa crítica que necesitamos. Asi, qué difícil va a ser caminar con seguridad en este siglo al que todavía no nos atrevemos a recorrer con firmeza.
Gracias María Cristina Laverde por ser otro Quijote del Pensamiento en Latinoamérica, que otros rumbos más agradecidos le den la bienvenida a su teson, su creatividad intelectual y su pericia adiministrativa,
José Cabrera Paz
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